Complicaciones


Dolor

En general, al tratarse de procedimientos con incisiones pequeñas, el dolor postoperatorio inmediato no es tan intenso. Sin embargo, durante la kinesiterapia, el paciente puede referir molestias. Es por ello, que en ocasiones, se puede utilizar analgesia a través de un catéter peridural, controlado por el paciente o su cuidador. Una vez en su casa, el médico recomendará analgésico por vía oral, de preferencia no antiinflamatorios, pues existe alguna evidencia de estos interferirían en la regeneración ósea.


Infección

La infección de la interfase tornillo-piel es sin duda la complicación más frecuente de la cirugía de alargamiento. Casi un 100% de los pacientes presenta, en algún momento de la evolución alguna infección de este tipo. La infección se manifiesta por enrojecimiento alrededor de los tornillos, aumento de volumen local, dolor y en ocasiones, secreción de líquido purulento. La inmensa mayoría de los casos corresponde a infecciones leves, que se tratan con curaciones más frecuentes (2 a 3 veces por día) y uso de antibióticos orales por períodos de 7 a 10 días, sin producir mayores consecuencias. En un pequeño porcentaje de los casos, cuando la infección no cede con estas medidas, es necesario readmitir al paciente en el hospital, para administrarle antibióticos por vía endovenosa. Finalmente, si no es posible controlar el cuadro infeccioso, el tornillo debe retirarse, lo cual permite una rápida mejoría.


Rigidez
articular

La rigidez de las articulaciones vecinas, si bien es cierto no es la complicación más frecuente, debido a la indicación precoz de kinesiterapia, es la más invalidante, y la que compromete en forma más significativa los resultados de esta técnica. En ocasiones, especialmente en malformaciones congénitas, el médico debe anticiparse a esta complicación, y durante la cirugía debe alargar tendones, músculos, cápsulas articulares. Un ejemplo lo constituye el alargamiento del Tendón de Aquiles, durante el alargamiento de la Tibia. En el post operatorio, habitualmente se fabrican férulas o soportes, para mantener en buena posición las articulaciones. En otros casos, la rigidez articular puede aparecer en el transcurso del alargamiento. Ante este escenario, las alternativas van desde aumentar el número de las sesiones de terapia física, disminuir la velocidad del alargamiento (en vez de 1 mm/día, disminuir a ¾ mm/día), uso de férulas u órtesis, movilización bajo anestesia, o eventualmente cirugía para liberar o alargar las estructuras que oponen resistencia a la movilidad.


Retardo de
consolidación

Al someter el hueso a un alargamiento de 1 mm/día, este es capaz de regenerar simultáneamente en el espacio que se va creando. En un porcentaje menor de pacientes, ya sea por enfermedades sistémicas (diabetes, tabaquismo), o por factores locales (infección, irradiación previa, etc), la regeneración ósea está enlentecida. Esto se evidencia por la falta de progresión del regenerado óseo en las radiografías. Ante este problema, el médico puede sugerir la disminución de la velocidad de alargamiento del hueso, o el uso de estimuladores óseos. Esto son dispositivos externos, que se conectan a la piel que rodea el segmento en cuestión a través de electrodos, y crean, ya sea campos magnéticos, ondas de ultrasonido u otros tipos de energía física, para estimular la formación ósea.


Consolidación
prematura

En ocasiones, ya sea por un metabolismo acelerado del hueso, o por un alargamiento muy lento, el regenerado consolida de manera tal que impide que los segmentos se sigan separando. Esto se manifiesta por la dificultad que comienza a experimentar el paciente o su cuidador para realizar la distracción del tutor externo. Para solucionar este problema, una alternativa es aumentar la velocidad de alargamiento. Con esta estrategia, el paciente puede experimentar dolor y sentir un crujido al momento que los cabos óseos se vuelven a separar, lo que no resulta aconsejable para niños. Como alternativa, se puede llevar al paciente a pabellón, y bajo anestesia reosteotomizar (dividir) el hueso en tratamiento.


Alteraciones
de la sensibilidad

Como es esperable, al alargarse el hueso, también lo hacen vasos sanguíneos, músculos y nervios. A razón de 1 mm / dia, rara vez se producen alteraciones de la sensibilidad. Sin embargo, pacientes con antecedentes de traumatismos previos, o en quienes se realizan alargamientos importantes, pueden desarrollar alteraciones sensitivas y/o motoras por estiramiento de los nervios, los cuales pueden estar comprimidos por cicatrices previas (en el caso de secuelas de fracturas), o “atraparse” en compartimientos específicos de la extremidad. A modo de prevenir esta complicación, el médico puede realizar, al momento de la cirugía, una descompresión profiláctica de los nervios en riesgo. Esto se realiza de rutina en pacientes con condiciones congéitas, como Acondroplasia, Hipocondroplasia u otras displasia esqueléticas.


Fracturas

Una vez finalizado el alargamiento óseo, el hueso puede fracturarse en 3 sitios críticos:

1. El más frecuente es a través del regenerado óseo, que no presenta las mismas propiedades mecánicas que el hueso nativo, y es la zona más susceptible.

2. Otros sitios de menor resistencia son los orificios que quedan al retirar el tornillos.

3. Menos frecuentemente, el hueso puede fracturarse en una zona distinta a las 2 anteriores, producto de traumatismo.

El médico utiliza criterios radiológicos para considerar el momento óptimo del retiro del tutor, sin embargo, durante la cirugía, es posible que se percate de una menor resistencia del hueso “nuevo”. Ante esta situación, el médico puede colocar un yeso de protección, por un período variable de 30 a 45 días, para darle tiempo al regenerado para que adquiera la resistencia suficiente, o eventualmente insertar un clavo endomedular (que va al interior del hueso) que sirve como “tutor interno”, y permite mejorar considerablemente la resistencia mecánica de este.


VOLVER AL INICIO Continuar leyendo...

Buy now